La Llama

La llama es un fuego espiritual que se encuentra dentro de tu corazón. Es la chispa divina que nunca nació y nunca muere. Es la llama de la Vida: la porción del Espíritu que te fue dada cuando tu alma nació del Infinito. De la misma forma que cuidas del fuego de tu chimenea, tienes que cuidar la llama. Hace mucho tiempo, antes del comienzo de la historia, el número de personas en la Tierra que cuidaban de la llama disminuyó hasta que no quedó ni una persona que tuviera una llama ardiendo en el altar de su corazón.

Así tuvo lugar una era oscura en la que todos se habían olvidado de su fuente divina. Por lo que Sanat Kumara, a quien se menciona en el libro de Daniel como el Anciano de Días, vino a la Tierra para volver a encender la llama y enseñarle a otros a cuidarla. Desde entonces en cada era, siempre ha habido grandes Luminarias en la Tierra que han mantenido la llama ardiendo y que después han regresado al Espíritu. Estas grandes Luminarias incluyen a Gautama, Moisés, Jesucristo, Kuan Yin, Krishna, Confucio y en esta era, Saint Germain.

 

El maestro Saint Germain

Saint Germain es un amigo y hermano inmortal cuya misión es llevar a la Tierra a la era de Acuario.

En sus encarnaciones como Cristóbal Colón, Francis Bacon y el conde de Saint Germain, preparó el camino para la revolución tecnológica y las libertades personales que disfrutamos hoy en día. Su alma ascendió a Dios al final de su encarnación como Francis Bacon en el siglo XVII. A Saint Germain se le conoce como el Maestro Alquimista. Él nos enseña a cuidar de la llama que se encuentra en el altar de nuestros corazones y a transmutar el metal de nuestras almas en el oro del Espíritu. Junto con Saint Germain otros Maestros Ascendidos vienen a ayudar a la Tierra.

En el libro del Apocalipsis se habla de ellos como los «santos vestidos de blanco». Ellos y sus discípulos no ascendidos forman la Gran Hermandad Blanca.

 

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